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Picasso y la tradición-La exposición
en el Prado
La exposición reúne el conjunto más importante
de obras maestras de Picasso vistas en España desde 1981, precisamente
con motivo de la exposición organizada para celebrar la llegada
del Guernica, conjunto que será muy difícil reunir en
el futuro en cualquier otra retrospectiva.
Dentro de la doble visión de Picasso entre la tradición
y la vanguardia que plantea esta muestra conjunta, la sede del Prado
ofrece una ocasión inédita de confrontar la obra del
malagueño con la de los maestros del pasado que tanto admiró desde
su juventud. Al exponer más de treinta obras de Picasso junto
a una selección de las de los genios universales representados
en sus colecciones, el Museo responde además al conocido interés
del artista en confrontar su obra con la de los grandes maestros del
pasado. Con motivo de la donación que efectuó al Museo
de Arte Moderno de París en 1947 Picasso puso como única
condición la de poder ver durante una noche una selección
de diez de sus obras en las salas de pintura española del Museo
del Louvre.
Ahora, este diálogo abierto con el Museo del Prado permitirá al
espectador observar simultáneamente la radical trasformación
del lenguaje que experimenta el artista a lo largo de su vida, desde
los años de formación hasta su plena madurez, y al mismo
tiempo distinguir las huellas del pasado en sus obras, los vínculos
y afinidades con la tradición que le consagran como el último
de los grandes maestros clásicos. La formación del artista y el Museo del Prado
La formación de Picasso sigue los cánones académicos
tradicionales. Hijo de un pintor dedicado a la enseñanza del
oficio, tuvo una esmerada formación artística que completó siguiendo
todos los pasos académicos habituales en la España
del siglo XIX, incluyendo el estudio de los ejemplos históricos
en el Museo del Prado.
La exposición que ahora se presenta consagra un primer ámbito
a señalar el particular encuentro del joven Picasso con el
Museo del Prado, mostrando los primeros apuntes que tomo de algunas
obras de Velázquez (Bufón Calabacillas y El
Niño
de Vallecas) en su primera vista al museo con 15 años, junto
a otros testimonio conservados de sus impresiones durante su estancia
como alumno de la Academia de San Fernando entre 1897 y 1898.
Retrospectiva esencial
A partir de aquí, una sucesión excelente de ejemplos
de todas las etapas del malagueño, desde su contacto con la
vanguardia artística parisina de principios de siglo, se presentan
en la Galería central del Museo en comunicación directa
con las de los maestros que admiro y revindicó pictóricamente,
particularmente con los heraldos de la llamada escuela española,
El Greco, Velázquez y Goya. Junto a ellos se destilan las
obras de los otros grandes maestros del Prado, Tiziano, Verones,
Caravaggio, Poussin..., conjugándose con la obra de Picasso
en forma de cita directa o como afinidades selectivas.
La magnífica selección de obras de Picasso que componen
esta retrospectiva esencial del artista arranca con el Autorretrato
con paleta de 1906 del Museo de Filadelfia, realizado cuando contaba
25 años, y culmina con el primer retrato de la serie de mosqueteros
de 1967, donde a sus 86 años no esconde la deuda con los maestros
del pasado sino que la manifiesta firmando significativamente la
obra como “Domenicos Theotocopoulos van Rijn da Silva”.
La ordenación de la exposición sigue una rigurosa secuencia
cronológica donde se dan cita algunas de las obras maestras
del pintor desde el modernismo de las primeras etapas azul y rosa
(1903-1906), la radical experiencia cubista (1908-1913), el retorno
al orden y al canon clásico en el periodo de entreguerras
(1917-1932), los difíciles años de la guerra (1936-1945),
hasta las últimas décadas (1955-1964) del pintor.
Picasso y las Meninas
Este desarrollo cronológico queda interrumpido en el centro
de la Galería para celebrar el encuentro entre Picasso y Velázquez.
Entre las citas directas de Picasso al Museo del Prado que propone
la exposición adquiere una especial significación la
serie pintada entre agosto y septiembre de 1957 sobre las Meninas,
que se conserva en su totalidad en el Museo Picasso de Barcelona
gracias a la donación del artista. El pintor desarrolla en
dos meses medio centenar de estudios y versiones sobre la más
célebre composición del Velázquez. La exposición
permitirá confrontar por primera vez un conjunto importante
de obras de la serie picasiana con el original de Velázquez
en un diálogo sin precedentes.
Como colofón de este diálogo con los grandes maestros,
la muestra concluye con otros excepcionales ejemplos de la conexión
del artista con los genios de la pintura moderna, como Gran desnudo,
donde Picasso cita de forma directa a La maja desnuda de Goya, o
las versiones de algunas obras de los más importantes artistas
franceses del siglo XIX como Las mujeres de Argel, según Delacroix
(versión final) o, El almuerzo campestre, según Manet.
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