Prorrogada:
Museo del Prado hasta el 10 de Septiembre
Museo Reina Sofía hasta el 25 de Septiembre

 

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
6 de junio – 4 de septiembre de 2006

Con motivo de la celebración del XXV aniversario de la llegada del Guernica de Pablo Picasso a España -procedente del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, donde había sido depositado hasta que se restableciesen en España las libertades políticas, en que sería devuelto al pueblo español, según deseo expreso del artista- , el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museo Nacional del Prado han querido rememorar este acontecimiento cultural, uno de los más relevantes sucedidos en la historia reciente de nuestro país y el símbolo más elocuente de la recuperación de sus libertades democráticas, organizando conjuntamente la exposición Picasso. Tradición y vanguardia.

La exposición, desarrollada simultáneamente en los dos museos, plantea un recorrido retrospectivo por toda la trayectoria de Pablo Picasso, desde la perspectiva histórica que hoy nos permite, reflejando cómo el genial malagueño va construyendo su identidad moderna en constante diálogo con los grandes maestros antiguos, en una manifiesta tensión dialéctica con la tradición. En el Museo Nacional del Prado el diálogo se establece con los grandes pintores de su colección, a los que Picasso admiró desde su juventud y a los que convoca desde su particular lenguaje para reflexionar sobre la construcción de la mirada del pintor. La sección de la exposición que acoge el Museo Reina Sofía pone todo el énfasis en el compromiso moral del artista con la realidad, centrándose en la grandeza del Guernica, no sólo como obra que reúne los principales elementos de la evolución artística de Picasso –clásicos, cubistas y surrealistas-, sino también como icono universal por excelencia de denuncia de todas las catástrofes bélicas acontecidas desde el siglo XX.

En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía esta celebración adquiere un significado propio y extraordinario en cuanto este Museo alberga la excepcional obra picassiana, que a su vez se convierte en la columna que articula y colma de sentido su colección.

El gran mural Guernica surgió de un encargo a Pablo Picasso por el Gobierno de la Republica española para que formase parte del Pabellón Español en la Exposición Internacional de las Artes y Técnicas de la Vida Moderna, celebrada en París en 1937, construido en aquella ocasión para dar testimonio de la trágica situación que atravesaba España, asolada por la Guerra Civil (1936-1939).

Desde el 1 de mayo al 4 de junio de 1937, Picasso estuvo dedicado a la realización de esta monumental pintura. Durante los seis primeros días trabajó en un conjunto de obras preparatorias del gran lienzo. El motivo que le impulsó a realizar la composición definitiva fue la noticia de los bombardeos de la aviación alemana, colaboradora de las tropas franquistas, sobre la villa vasca de Guernica, que conoció a través de las trágicas fotografías publicadas por el periódico francés L’Humanité. Concebido como un gigantesco cartel, el Guernica es un grito de denuncia del horror de la Guerra Civil española y de cualquier otra, desde la consideración del padecimiento de las víctimas, y, a la vez, una pieza fundamental del arte del siglo XX.

En la principal sala de la Colección Permanente del Museo, aquella que alberga la producción picassiana, se establece un eje principal al situar, frente a frente, el Guernica y la emblemática obra El 3 de mayo de 1808 en Madrid. Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío (1814), de Francisco de Goya, suscitando un fructífero diálogo entre dos de las imágenes más rotundas de la iconografía universal que muestran el padecimiento de los inocentes en cualquier confrontación bélica, y poniendo en relación dos actitudes cercanas y definitorias del artista moderno, como la que encarnaron tanto Goya como Picasso. Una relación que Picasso asumió de manera dinámica y dialéctica en su mirada a la tradición pictórica española.

Un segundo eje, igualmente inédito y excepcional, es el que se constituye, a través de la citada obra de Goya, con La ejecución de Maximiliano (1868-1869), de Édouard Manet, cedido para la ocasión gracias a la generosidad de la Städtische Kunsthalle de Mannheim, y la obra de Picasso, Masacre en Corea (1951), procedente del Musée National Picasso de París. El cruce de miradas entre estos tres artistas, el paralelismo formal en la solución compositiva de las tres obras, su similitud temática y el compromiso social que reflejan sus autores convierte este eje en una suerte de genealogía de la modernidad marcada por una nueva actitud del artista al acercarse al acontecimiento histórico.

Junto a estas obras se despliega la colección íntegra de pinturas y dibujos que componen el denominado legado Guernica , tanto los bocetos y estudios preparatorios de Guernica, como los llamados “postscriptos”: obras que Picasso continuó realizando finalizado el gran lienzo y que participan de la misma temática del Guernica, como son el conjunto de las mujeres llorando, pertenecientes a la colección del Museo, que junto al Monumento a los españoles muertos por Francia (1946-1947) y a una obra tan relevante como El Osario (1945), procedente del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, evocación del horror de los campos de concentración, ligado iconográfica y estilísticamente con el Guernica, completan la representación del profundo compromiso de Pablo Picasso ante los horrores de las guerras contemporáneas. A este grupo se unen tres obras gráficas altamente significativas en este contexto, como son Sueño y mentira de Franco I y II , y Minotauromaquia, en la que se anticipan algunos de los temas iconográficos que se desarrollan en el Guernica.

Además, introduciendo el tono vitalista y esperanzador que ha caracterizado la trayectoria picassiana, junto al desgarro existencial de sus obras execrando la violencia bélica, acompañan la exposición algunas de las piezas más significativas, desde el punto de vista artístico, conceptual, vital e histórico, de la creación de Pablo Picasso, todas pertenecientes a los fondos del Museo Reina Sofía y que enmarcan el periodo próximo a la creación del Guernica, como son tres de sus más destacadas obras escultóricas: La mujer en el jardín, 1929-30, Dama oferente (1934) y El hombre del cordero (1943), y dos excelentes pinturas La nadadora (1934), y Mujer sentada en un sillón gris (1939).


 

 

 

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Dama oferente

 

 

 

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El hombre del cordero

 

 

 

Ver la obra
El 3 de mayo de 1808 en Madrid. Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío

 

 

 

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Masacre en Corea

 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
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