Prorrogada:
Museo del Prado hasta el 10 de Septiembre
Museo Reina Sofía hasta el 25 de Septiembre

 

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La vida
Óleo sobre lienzo.
Barcelona, primavera –
verano, 1903

Esta es una de las obras fundamentales del llamado “período azul”(1901–1904), difícil para Picasso en lo personal y dominado por representaciones desoladas, muy influidas por la pintura del Greco. El joven amante tiene los rasgos de Carlos Casagemas, íntimo amigo de Picasso cuyo suicidio en 1901, por una crisis amorosa y artística, influyó en el inicio de esta etapa creativa. El tema es de difícil interpretación, aunque hay claras alusiones religiosas.

Cleveland, The Cleveland Museum of Art.
Gift of the Hanna Fund. 1945.24

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La planchadora
Óleo sobre lienzo.
París, primavera, 1904

Esta obra, una de las últimas del “período azul” (1901-1904),se relaciona con la corriente pictórica que retrató a las clasestrabajadoras y a los excluidos de la sociedad urbana industrializadadel cambio de siglo. En este sentido, las imágenes de mujeres trabajadoras de Edgar Degas (1837-1917) son una referencia cercana.
Por otra parte, la figura frágil y abatida, ubicada en un espacio sobrio e indefinido junto a sus útiles de trabajo, recuerda por el tratamiento formal y el tono introspectivo a las imágenes barrocas de santos eremitas.

Nueva York, The Solomon R. Guggenheim Museum
Thannhauser Collection, Gift, Justin K. Thannhauser, 1978

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Mujer en camisa
Óleo sobre lienzo.
París, invierno, 1904-1905

Este retrato de una joven de aspecto enfermizo muestra la transición del “período azul” al “período rosa” (1904-1905), aunando los tonos que dominan este último y la tristeza del primero, que no es abandonada por completo en la nueva etapa. En la delgadez y el alargamiento de la figura está presente la admiración de Picasso por el Greco, cuya influencia en su producción de estos años es muy visible. La joven es probablemente una modelo de artistas llamada Madeleine, con la que Picasso tuvo una corta relación.

Londres, Tate Modern. Bequeathed by C. Frank Stoop, 1933

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Muchacho conduciendo un caballo
Óleo sobre lienzo.
París, primavera, 1906

Esta obra es uno de los grandes ejemplos del retorno de Picasso al clasicismo en 1906. El muchacho, de rasgos impersonales, deriva de la estatuaria griega arcaica, que Picasso conoció y estudió en las salas de escultura clásica del Museo del Louvre. La escena se
ambienta en un paisaje neutro y aplanado y evidencia el interés por el estudio de los ritmos compositivos y la búsqueda del equilibrio y la belleza formal, que Picasso valora en este momento por encima de la narración pictórica o la transmisión de emociones.

Nueva York, The Museum of Modern Art.
The William S. Paley Collection, 1964


El harén
Óleo sobre lienzo.
Gósol, comienzo de verano, 1906

Picasso elaboró esta composición durante una productiva estancia estival en el pueblo pirenaico de Gósol (Lérida) con su amante Fernande Olivier, cuya imagen se repite en las jóvenes del lienzo. Los tonos terrosos y la reflexión sobre el clasicismo, especialmente
el encarnado por Ingres (1780-1867), son rasgos definitorios de la creación de Picasso en este período. La escena es, de hecho, un homenaje al Baño turco de Ingres (Museo del Louvre). Al mismo tiempo, esta etapa es definitiva en el avance de Picasso hacia
el lenguaje de vanguardia.

Cleveland, The Cleveland Museum of Art.
Bequest of Leonard C. Hanna, Jr. 1958.45


El peinado
Óleo sobre lienzo.
París o Gósol, primavera – otoño, 1906

El vínculo de Picasso con la tradición artística que le precede resulta evidente en este lienzo, ligado a la tradición de escenas de toilette femenina, desde las Venus del Renacimiento y el Barroco a las mujeres, a menudo prostitutas, del postimpresionismo.
El tratamiento de las figuras y las masas de color, resueltas en un contenido cromatismo de ocres, azules y blancos anuncia, por otra parte, los próximos experimentos formales de Picasso, influidos por la pintura de volúmenes geométricos de Cézanne (1839-1906).

Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, Catharine Lorillard
Wolfe Collection, Wolfe Fund, 1951; acquired from The Museum of Modern Art, Anonymous Gift.

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Autorretrato con la paleta en la mano
Óleo sobre lienzo.
París, otoño, 1906

Picasso realizó este autorretrato bajo la influencia del conocimiento del arte ibérico prerromano, el arte medieval catalán y el arte primitivo africano y oceánico, que empleó para crear un lenguaje alternativo a la tradición artística occidental. El autorretrato del artista forma parte de esta tradición, pero aquí los rasgos faciales abreviados y geométricos adquieren un aspecto de máscara. El rostro despersonalizado y el cuerpo compuesto por contraposición entre masas planas y volúmenes modelados muestran el camino emprendido por Picasso hacia el cubismo.

Filadelfia, Philadelphia Museum of Art.
A.E. Gallatin Collection, 1950

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Mujer con abanico
Óleo sobre lienzo.
París, final de primavera, 1908

En esta obra que se sitúa ya en los comienzos del cubismo, Picasso descompone la realidad visual en planos geométricos, para representar la figura de una mujer sentada en un sillón.
Mediante áreas de color de una gama contenida, delimitadas por líneas muy definidas, sugiere el espacio y señala los volúmenes, característicamente asimétricos. La imagen contiene referencias a la estatuaria de las culturas primitivas, que interesó especialmente a Picasso y a la vanguardia. El recuerdo de las vírgenes sedentes y hieráticas de la pintura románica está también presente.

San Petersburgo, State Hermitage Museum

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Panes y frutero con frutas encima de una mesa
Óleo sobre lienzo.
París, invierno, 1909

La génesis de esta obra está en una escena de taberna con figuras alrededor de la mesa. Tras una compleja elaboración, los personajes desaparecieron, transformándose en los elementos que vemos. Su brazos se convirtieron en barras de pan, el frutero reemplazó a lafigura de una mujer y, como últimos vestigios de la presenciahumana, unas piernas asoman bajo el tablero abatible de la mesa.El cortinaje y la disposición de la mesa y los objetos confieren a esta composición marcadamente frontal una apariencia casi escénica o incluso religiosa.

Basilea, Kunstmuseum Basel

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El aficionado
Óleo sobre lienzo.
Sorgues-sur-Ouvèze, verano – otoño, 1912

El aficionado se cuenta entre las obras más memorables del cubismo pleno. Su origen, como indican los letreros “Nîmes”, “TOR” y “Le Torero” —nombre de un periódico taurino— está en una corrida de toros en la mencionada ciudad francesa. La estructura ortogonal facilita la lectura de la imagen, y varios elementos ayudan a reconstruir los planos facetados de la composición: la cabeza y los rasgos del rostro, la vestimenta, la banderilla, una guitarra y una botella que, como insinúan las letras que contiene, es de manzanilla.

Basilea, Kunstmuseum Basel. Gift of Raoul La Roche


Garrafa y tres tazones
Óleo sobre cartón.
París, verano, 1908

Picasso realizó numerosos bodegones durante los años de experimentación con el lenguaje pictórico que desembocaron en el cubismo. La naturaleza muerta es un género de gran arraigo en la tradición pictórica española, y se convertiría en seña de identidad de la temática cubista. Por otra parte, el tratamiento geométrico de las formas es deudor de las composiciones de un artista al que Picasso consideró su maestro, Cézanne (1839-1906), quien también había encontrado en el bodegón un excelente campo de estudio de los volúmenes y las posibilidades del espacio pictórico.

San Petersburgo, State Hermitage Museum


El poeta
Óleo sobre lienzo.
Céret, agosto, 1911

En 1911 Georges Braque (1882-1963) y Picasso, trabajando en estrecha sintonía en la elaboración de un lenguaje pictórico alternativo con el que recrear la realidad, llevaron el cubismo a su fase analítica. En este lienzo emblemático, la figura de un hombre sentado en un sillón y fumando una pipa ha sido descompuesta en sus formas básicas y reelaborada en una estructura piramidal, a base de planos casi monocromáticos que ofrecen múltiples puntos de vista simultáneos. Una fragmentación menos acusada alrededor de la figura sugiere someramente el espacio, prácticamente anulado.

The Solomon R. Guggenheim Foundation
Venecia. Peggy Guggenheim Collection, 1976

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La flauta de Pan
Óleo sobre lienzo.
Cap d’Antibes, verano, 1923

La plenitud del nuevo retorno de Picasso a las raíces mediterráneas del clasicismo está condensada en esta versión personal del mito clásico de Apolo, dios del sol, y Pan, dios pastoril de la música y la danza que desafió a aquél a un duelo musical. El lienzo muestra a un artista conscientemente incardinado en una gran tradición pictórica, que aborda siempre con espíritu de parangón. La escena, bañada por la luminosidad del sol y el mar mediterráneos, está compuesta según los cánones de grandeza y monumentalidad
del arte clásico.

París, Musée National Picasso

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Paulo vestido de arlequín
Óleo sobre lienzo.
París, 1924

Paulo era hijo de Picasso y Olga Koklova, bailarina de los “Ballets Rusos” de Diaghilev a la que el artista conoció en Italia en 1917, cuando trabajaba en los decorados y figurines del ballet Parade. A principios de la década de 1920, una época sosegada y
satisfactoria en lo personal, Picasso pintó varias maternidades y efigies de personas de su círculo íntimo y familiar, entre ellas esta delicada y cálida imagen de su hijo, a la que las grandes áreas inacabadas dan un aspecto de bosquejo.

París, Musée National Picasso

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Tres músicos
Óleo sobre lienzo.
Fontainebleau, verano, 1921

Esta composición es la culminación del cubismo sintético, que muestra la realidad como una síntesis de sus formas básicas, definidas por áreas de color. Es, además, un gran ejemplo de la influencia de las vivencias personales en el arte de Picasso.
Se representó aquí vestido de Arlequín junto a sus amigos escritores Apollinaire (1880-1918) y Max Jacob (1876-1944) —como Pierrot y en hábito de monje, respectivamente—, en un homenaje a los años de bohemia y fructífero intercambio artístico e intelectual que
vivieron juntos en París.

Filadelfia, Philadelphia Museum of Art.
A.E. Gallatin Collection, 1952


El idilio
Óleo y lápiz sobre lienzo.
Cap d’Antibes, verano, 1923

Tras la consternación de la I Guerra Mundial se impuso en el arte una “llamada al orden”, reacción contra la vanguardia que reclamó el retorno a la figuración tradicional y al clasicismo, es decir, a las raíces que constituyen la identidad cultural europea. Ello, junto al conocimiento directo de la antigüedad clásica durante una estancia en Italia en 1917, sin duda influyó en el renovado interés de Picasso por el arte clásico. Su interpretación personal de lo que éste representa es visible en esta sencilla composición, equilibrada
y monumental.

Colección Jan Krugier y Marie-Anne Krugier-Poniatowski

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Hombre sentado con vaso
Óleo sobre lienzo.
Aviñón, verano, 1914

Picasso pintó esta obra en Aviñón, donde pasó el verano de 1914 y el comienzo de la Gran Guerra. Tras los años de trabajo conjunto con Georges Braque (1882-1963) en el lenguaje cubista, buscó vías que lo complementaran para traducir la realidad visual al lienzo. Aquí representa a un hombre, reducido a figuras geométricas y ondulantes, sentado o apoyado junto a una barra o una mesa. La composición, inacabada y conscientemente confusa, posee rasgos del cubismo tardío, como el vivo colorido o las áreas decorativamente punteadas y rayadas.

Colección privada


Instrumentos de música en una mesa
Óleo sobre lienzo.
Juan-les-Pins, verano 1926

Este es uno de los bodegones “sobre-realistas” que Picasso pintó a mediados de los años veinte. Partiendo de las premisas del cubismo, estructuró el espacio mediante grandes áreas planas de color que representan una mesa con mantel ante una ventana, una guitarra, un frutero, un plato y una mandolina. Esta transformación profunda del objeto visto produce una composición que representa su propia realidad referencial, exclusivamente pictórica, mediante un código igualmente propio y exclusivo.

Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía


Las meninas (conjunto), según Velázquez
Óleo sobre lienzo.
Cannes, 3 de octubre, 1957

Aunque Picasso continuó trabajando sobre Las meninas después de pintar este lienzo, en él representó por última vez la escena completa. El propio Picasso había afirmado, poco antes de acometer la serie, que si tratara de copiar Las meninas, el resultado no sería una copia al uso, sino sus propias Meninas. En esta última variación sobre la obra de Velázquez, Picasso transformó la
construcción espacial velazqueña en una estructura compositiva
de formas geométricas simples y bien definidas.

Barcelona, Museu Picasso. Donativo del artista, 1968

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Las meninas (conjunto), según Velázquez
Óleo sobre lienzo.
Cannes, 17 de agosto, 1957

Picasso afirmó haberse sentido impresionado por Velázquez desde su primera visita al Museo del Prado, en 1895. Los cuadernos de sus visitas posteriores al museo como estudiante muestran numerosos dibujos sobre obras del maestro. Entre agosto y diciembre de 1957, en su villa “La Californie” (Cannes), Picasso trabajó casi obsesivamente sobre Las meninas, creando una serie formada por cincuenta y ocho lienzos. Su primera aproximación a la obra fue este estudio de conjunto, el más similar a la composición velazqueña.

Barcelona, Museu Picasso. Donativo del artista, 1968


Las meninas (conjunto), según Velázquez
Óleo sobre lienzo.
Cannes, 18 de septiembre, 1957

Picasso volvió a representar la escena completa después de dedicar varios lienzos al estudio de motivos aislados de la obra de Velázquez. En esta ocasión, procedió a una descomposición cubista del espacio y las figuras en planos que ofrecen una visión caleidoscópica y muy dinámica.

Barcelona, Museu Picasso. Donativo del artista, 1968


La infanta Margarita María (Las meninas), según Velázquez
Óleo sobre lienzo.
Cannes, 14 de septiembre, 1957

En su proceso de meditación sobre la obra de Velázquez, Picasso fue centrando sucesivamente su atención en determinados grupos o figuras de la composición. En cada obra parece hallarse el estímulo para abordar un nuevo motivo, o bien para volver sobre alguno de los ya explorados. En el caso de la infanta Margarita, retomó el estudio de su figura aislada en varias ocasiones durante la elaboración de la serie.

Barcelona, Museu Picasso. Donativo del artista, 1968


La infanta Margarita María (Las meninas), según Velázquez
Óleo sobre lienzo.
Cannes, 21 de agosto, 1957

Tras la primera composición de conjunto que inauguró la reflexión de Picasso sobre Las meninas, fechada el 17 de agosto, el artista se centró durante varios días en el estudio de la imagen de la infanta.

Barcelona, Museu Picasso. Donativo del artista, 1968

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Mujer sentada en un sillón rojo
Óleo sobre lienzo.
Boisgeloup, 1932

En el taller que instaló en su château de Boisgeloup, cerca de París, Picasso vivió durante los primeros años treinta una prolífica etapa de creación pictórica y escultórica. Entonces, su musa y amante era Marie-Thérèse Walter. La relación ambigua de Picasso con lo femenino y sus conexiones con el surrealismo, con el que compartió la visión del arte como expresión de deseos, miedos e instintos ocultos en el subconsciente, laten en las formas curvas, orgánicas, intensamente moduladas de esta figura.

París, Musée National Picasso


Desnudo tumbado
Óleo sobre lienzo.
París, 30 de septiembre, 1942

Picasso permaneció en París durante la ocupación alemana de Francia. No pintó escenas bélicas durante la II Guerra Mundial, pero en sus obras se filtraron la desolación y la angustia del conflicto. A comienzos de los años cuarenta dedicó a la figura
femenina desnuda y tumbada varias obras, entre las que esta es un ejemplo destacado. Tomó la imagen del desnudo tumbado, empleada tradicionalmente para mostrar personajes en estados de lasitud, relajación o ensoñación, y la transformó en protagonista de una escena sombría y claustrofóbica.

Berlín, Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie.
Museum Berggruen

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Mujer sentada en un sillón (Dora)
Óleo sobre lienzo.
París, 31 de mayo, 1938

Picasso pintó mujeres sentadas durante toda su carrera, y especialmente en los años siguientes a la ejecución del Guernica, empleando a menudo como modelo a la fotógrafa surrealista Dora Maar, con la que mantenía una tormentosa y apasionada relación desde 1936. Las deformaciones y fragmentaciones geométricas a las que somete la efigie de Dora, convertida en imagen del sufrimiento, junto a la reducida gama cromática, forman parte de la respuesta creativa del artista a la época turbulenta y azarosa que entonces vivían su propio país y toda Europa.

Riehen / Basilea, Fondation Beyeler

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La alborada
Óleo sobre lienzo.
París, 4 de mayo, 1942

La pintura europea, desde el Renacimiento representado por Tiziano (c. 1490-1576) hasta el neoclasicismo de Ingres (1780-1867), que Picasso admiró, ofrece multitud de imágenes de mujeres desnudas acompañadas por otro personaje, masculino o femenino, que pudieron inspirar esta escena pintada en el París ocupado por los nazis. Picasso, artista con una aguda conciencia de su individualidad creativa, partió de ese referente pero se alejó del tratamiento convencional del desnudo y usó para el tema, según sus propias palabras, “una expresión revolucionaria”.

París. Centre Georges Pompidou. Musée national d’art moderne /
Centre de création industrielle. Don de l’artiste 1947.


Cabeza de mujer llorando con pañuelo III
Óleo sobre lienzo.
París, 17 de octubre, 1937

Esta imagen trágica es uno de los numerosos estudios derivados de la madre con el hijo muerto del Guernica, motivo sobre el que Picasso trabajó casi obsesivamente tras acabar el gran lienzo. Para componer este rostro, encarnación de la atrocidad de la guerra, combinó elementos del cubismo con otros de su particular poética surrealista, como los ojos convertidos en cuencos que manan lágrimas. Aunque existe un recuerdo de las dolorosas de la imaginería católica, el resignado sufrimiento de éstas ha desaparecido, convertido en desesperación.

Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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Las mujeres de Argel, según Delacroix (versión final “O”)
Óleo sobre lienzo.
París, 14 de febrero, 1955

Entre 1954 y 1962 Picasso realizó varias series sobre obras de grandes artistas. Dedicó la primera a Las mujres de Argel (1834, Museo del Louvre) del pintor romántico Eugène Delacroix (1798-1863). En este lienzo, el último de la serie, Picasso transformó la obra original en una composición cubista en la que destaca la figura de Jacqueline Roque, su última compañera y esposa. A través de este homenaje, Picasso honraba también la memoria de Matisse (1869-1954), amigo y rival artístico con el que compartió la admiración por Delacroix.

Colección privada europea


El almuerzo campestre, según Manet
Óleo sobre lienzo.
Vauvenargues, 29 de febrero, 1960

Picasso dedicó al Almuerzo campestre (1863, Museo de Orsay) la serie más numerosa de estudios de las que realizó sobre obras de grandes maestros. El lienzo de Édouard Manet (1832-1883) es un icono del nacimiento del arte moderno y representa el espíritu de un creador que, como Picasso, se inspiró en temas y artistas clásicos para reelaborarlos en un nuevo lenguaje pictórico. En su versión de la obra de Manet, Picasso redujo al máximo la ambientación paisajística de la escena original para centrarse en la relación entre sus personajes.

Colección Privada


El rapto de las sabinas
Óleo sobre lienzo.
Mougins, 9 de enero – 7 de febrero, 1963

Picasso pasó el curso 1897-1898 en Madrid, matriculado en la Academia de Bellas Artes. En sus visitas al Museo del Prado conoció la obra de Nicolas Poussin (1594-1665), y desde entonces admiró a este pintor clasicista, al que consideró “un gigante”. Poussin y el neoclásico Jacques-Louis David (1748-1825) fueron la principal fuente de inspiración para la última serie de Picasso sobre obras de grandes maestros, que concluye con este lienzo.

Boston, Museum of Fine Arts. Juliana Cheney Edwards Collection,
Tompkins Collection and Fanny P. Mason Fund in memory of Alice Thevin

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Gran desnudo
Óleo sobre lienzo.
Mougins, 20/22 de febrero – 5 de marzo, 1964

Picasso pintó este lienzo en su villa de Mougins, localidad cercana a Cannes donde vivió desde 1961 hasta su muerte. La modelo de gran parte de sus obras de estos años fue su última esposa, Jacqueline Roque, con quien compartió su vida desde 1952. Esta imagen de Jacqueline, construida con las distorsiones formales características del artista, posee la serenidad propia de las figuras femeninas del Picasso más maduro. Con toda probabilidad se trata de una evocación de la Maja desnuda de Goya.

Zúrich, Kunsthaus Zürich


El mosquetero
Óleo sobre contrachapado.
Mougins, 28 de marzo, 1967

Durante sus últimos años Picasso trabajó el motivo del mosquetero repetidamente. En el dorso de esta obra escribió “Domenico Theotocopoulos van Rijn da Silva”, inscripción que da testimonio del espíritu de emulación de las figuras del Greco, Rembrandt y Velázquez que alienta en estos mosqueteros. Al mismo tiempo está presente su gusto por el disfraz y la mascarada, como se aprecia en el aire caricaturesco y la factura intencionadamente infantil
de la figura.

Budapest, Ludwig Museum of Contemporary Art
Depósito de Peter und Irene Ludwig Stiftung, Aquisgrán

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Mosquetero y Amor
Óleo sobre lienzo.
Mougins, 18 de febrero, 1969

Las series de mosqueteros que se repiten en la producción de los últimos años de Picasso, desde mediados de los años sesenta, tienen su germen en la admiración del artista por Rembrandt y la pintura española del Siglo de Oro. En algunas versiones del tema, como ésta, Picasso se representó a sí mismo tanto en la figura del hombre como en la del niño, expresando en esa imagen doble la posibilidad de renovación y renacimiento, que también transmiten otras obras de su etapa final.

Colonia, Museum Ludwig


Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Santa Isabel 52 | 28012 Madrid | 917741000

Museo Nacional del Prado
Paseo del Prado s/n | 28014 Madrid | 913302800

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